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El amor se me da fatal

Tuesday, March 31st, 2009

Edurne Pasaban. Nació en Tolosa el 1 de agosto de 1973. Licenciada en Ingeniería Técnica Industrial, regenta un agroturismo en Zizurkil, tiene un máster de Negocios y estudia coaching. En 2001 coronó el Everest, al que siguieron otras diez cimas por encima de los 8.000 metros. Con 11 ‘ochomiles’, pelea con una austríaca y una italiana por convertirse en la primer mujer que doblega las 14 montañas más altas. Hoy parte hacia el Kanchenjunga.

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Edurne Pasaban

Edurne Pasaban, cumbre en el Manaslu (8.163 m)
Edurne Pasaban, cumbre en el Manaslu (8.163 m)Ferrán Latorre, Edurne Pasaban y Asier Izaguirre en la cima del Manaslu (8.163 m, Nepal)

En el horizonte de Edurne Pasaban (Tolosa, 1975) asoma el Kanchenjunga. Es la tercera montaña más alta del mundo tras el Everest, el primer ochomil que holló, y el K-2, donde le acarició la muerte, vivencia que cada día le recuerdan sus dos falanges ausentes, una en cada pie. Lejana queda en el tiempo la depresión que le alejó de las montañas y de la felicidad. La alpinista guipuzcoana parte hoy hacia Nepal, donde lanzará el sprint final de su colosal desafío, convertirse en la primera mujer que corona las 14 cimas más altas del planeta. Ya suma once. “La presión es cada vez mayor, pero no dudaré en darme la vuelta”, afirma, y su voz suena firme al otro lado del teléfono.

Pregunta. ¿Cómo ha enfocado la preparación?

Respuesta. En el CAR de Sant Cugat, con un entrenador personal. Ha sido duro. Por las mañanas hacemos mucho volumen, salimos en bicicleta de montaña y de carretera, trabajando el aeróbico, la resistencia. Por la tarde nos metemos en el gimnasio.

P. La montaña absorbe todo su tiempo.

R. Vivo de ella, y vivo bien, pero intento hacer más cosas. Estoy sacando el título de coacher. Imparto conferencias en empresas sobre liderazgo y motivación. Vine a Barcelona por amor, pero cuando acabó me quedé por el trabajo y el entrenamiento.

P. ¿Qué añora de Euskadi?

R. El ambientillo: las cenas con los amigos y salir a potear.

P. ¿Qué tiene de especial el Kanchenjunga?

R. Es una montaña alta. No es lo mismo una montaña de 8.586 metros que otra de 8.000 pelados. El día de cumbre estaremos mucho tiempo por encima de los 8.000, y eso se nota mucho. Nos costará. De las tres ascensiones que me quedan, es la segunda en dificultad, tras el Annapurna.

P. ¿Cómo planean la escalada?

R. Seremos seis en el equipo de Al Filo de lo Imposible: Asier Izagirre, Álex Chicón, Juanito Oiarzabal, Ferrán Latorre, Jorge Egotxeaga y yo. Tras equipar los tres campos, en la segunda semana de mayo pensaremos en hacer cumbre. Pero hay problemas con los maoístas en Nepal, y una expedición al Kanchenjunga se ha tenido que dar la vuelta.

P. ¿Cuál es su plan para completar los 14 ochomiles?

R. Si todo va bien, en otoño iré al Shisha Pangma. Y el Annapurna lo asaltaríamos en la primavera de 2010.

P. ¿Y los de sus rivales?

R. Gerlinde [Kaltenbrunner, Austria] va ahora al Lhotse, en otoño al K-2 y al Everest en 2010. Nives [Meori, Italia] iba al Kanchenjunga, pero es su expedición la que ha tenido problemas.

P. ¿Quién lo tiene peor?

R. Ufff. A Gerlinde le queda el K-2, que es brutal, pero el Everest y el Lhotse son asequibles. A Nives y a mí nos quedan el Kanchenjunga, que es gordo, y el Annapurna, muy peligroso. Será clave lo que pase esta primavera.

P. ¿Las considera rivales?

R. Para nada. Gerlinde es una muy buena amiga. Con Nives tengo menos relación.

P. ¿No ser la primera sería una decepción?

R. No. Me daría pena, pero los 14 me los quedaría para mí. Las personas no cambian por ser primeras o segundas.

P. ¿Cómo conjuga el espíritu libertario de la montaña con su afán de ser la primera?

R. Lo de ser la primera con 14 ochomiles es puro marketing. Para poder practicar y vivir de este deporte tan caro yo necesito vender a mis patrocinadores un proyecto que, más que un reto personal, tenga interés para el gran público, como los 14 ochomiles. También hay un componente de ambición personal, porque quien diga que en la montaña no hay competición… Por muy purista que uno sea, siempre se establece una competición consigo mismo.

P. Cuanto más se acerca la meta, mayor es la posibilidad de cometer errores.

R. Por eso no me puedo obcecar con lo de ser la primera. Siento que la presión es cada vez mayor a todos los niveles. A veces sientes que no vas a ser capaz de darte la vuelta con tanta gente pendiente de ti, pero no: por encima de hacer cumbre, cuando escalo lo que más deseo es volver a casa. No dudaré en darme la vuelta, sea el 12º o el 14º ochomil. El año pasado lo hice en el Shisha Pangma porque no lo veía claro.

P. Rondó la muerte en el K-2.

R. Sí, estuvo cerca. La bajada fue complicada.

P. ¿Qué sintió?

R. Sólo piensas en salir. Te brota una fuerza interior desconocida que te empuja hacia abajo, supongo que es el instinto de supervivencia. A lo de la muerte no le doy muchas vueltas. Me volvería loca si todo el día pensara que me voy al Kanchenjunga y que me puedo quedar allí. Cuando más pienso es el fin de semana previo a la salida. Entonces piensas: “Joder, igual es la última vez que estoy con mis padres”. En los aeropuertos lo paso fatal. Me gustan las despedidas rápidas, agur y agur. Poco lloro.

P. ¿Está la muerte en el origen de su depresión?

R. No, más bien la decisión de qué hacer con tu vida. La profesionalidad en la montaña me pilló con treinta y pico años, y dudé si merecía la pena tanto sacrificio. Dudaba entre la montaña y mi trabajo como ingeniero. Mi vida es inestable, y aquel desequilibrio me derribó. Caí en un agujero del que sólo salí con tiempo, a base de creer en lo que hago. Soy muy débil por dentro. Por lo que hago en la montaña parece que tengo que ser fortísima, pero no.

P. ¿Qué queda de aquella chica que con 16 años escaló el Mont Blanc?

R. La ilusión. Este fin de semana me fui por ahí con la autocaravana, y en el súper de Tolosa, comprando la misma comida de entonces, me di cuenta de que mi ilusión es la misma.

P. Los puristas dicen que sus escaladas no tienen mérito, que no es usted innovadora, que más que subir a las cimas la suben sus compañeros de cordada.

R. No me afecta. Nunca vas a hacer las cosas al gusto de todos, ni lo pretendo. Yo no engaño a nadie. Cuando dije que iba a coronar los 14 ochomiles, nunca dije que abriría rutas nuevas. Yo asumo que mi nivel no da para innovaciones. Cuando una persona sale en los medios, es normal que surjan las críticas. De todos los hombres que han hollado los 14 ochomiles, sólo cuatro fueron innovadores. Pero, claro, eres una mujer, eres mediática…

P. ¿Impera la envidia en el mundo de la montaña?

R. Antes todo era más hippy. En los medios sólo aparecíamos cuando había accidentes, y nos quejábamos. Para vivir de esto, necesitas vender proyectos atractivos. Hay en este país alpinistas que hacen cosas mucho más extremas que yo y no los conoce nadie porque no son mediáticos, y cuando logras ser mediático te critican los puristas, pero si te mantienes purista no hay quien compre tus proyectos. Es de locos.

P. Tras completar los 14 ochomiles quiere coronar de nuevo el Everest, pero esta vez sin oxígeno. ¿Tiene algo que demostrar?

R. No. El Everest fue mi primera montaña y no me conocía tanto como ahora, ni sabía cómo funcionaba en los ochomiles. Todas las demás montañas las he subido sin oxígeno. Lo haría por mí.

P. Alpinista de éxito, ingeniero técnico industrial, restauradora de éxito en su agroturismo de Zizurkil, máster en Management… ¿Ha fracasado en algo en la vida?

R. Sí. El amor se me da fatal.

P. ¿Qué le gustaría ser o hacer que ni puede ser ni puede hacer?

R. Ser madre. La maternidad fue uno de los factores que me llevaron a la depresión. Cada cosa hay que hacerla en su momento, y éste es el momento de los ochomiles. Cuando los acabe, iremos a por la maternidad.

P. ¿Y si su hija le dice que se va al Himalaya?

R. Si le gusta esto, le ayudaré encantada.

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Senderismo por el Techo del Mundo

Wednesday, March 18th, 2009

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Un grupo de senderistas caminando con el imponente Everest al fondo.

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Una de las estampas más típicas de Nepal: sus terrazas de arroz.

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La plaza de Durbar, en la localidad de Patan, se convierte en mercado al aire libre.

Hablar de montañismo es hablar de Nepal, cuya geografía encierra ocho de los catorce picos más altos del mundo. Es un territorio de grandes proezas, pero muchas de sus rutas están abiertas a viajeros que sólo anhelan caminar por el conocido como Techo del Mundo.

De los catorce picos por encima de los 8.000 metros que adornan la faz de la Tierra, ocho se encuentran dentro de las fronteras de Nepal, un país encajonado en la cordillera del Himalaya en el que las montañas se consideran sagradas y que, con toda justicia, es conocido como el Techo del Mundo. Sus cimas y nieves eternas son su mejor carta de presentación, aunque Nepal también atesora una inmensa cultura en sus ciudades y en los monasterios hinduistas y las estupas budistas que salpican muchos de los poblados que se atraviesan durante las rutas a pie más habituales. Igualmente, su gran diversidad de paisajes va engarzando, hasta llegar a los de alta montaña, escenarios de jungla donde todavía habitan rinocerontes y tigres, hondonadas jalonadas por caudalosísimos ríos por los que practicar rafting y bosques de rododendros, arrozales dispuestos en terrazas o bucólicos valles en los que moran distintos grupos étnicos muy apegados todavía hoy a sus costumbres.

El Everest, con sus 8.848 metros y el honor de ser la cumbre más alta del planeta, suena en el imaginario colectivo como el objetivo a abordar cuando se trata de culminar una experiencia única, aunque sería un error reducir la grandiosidad de todos estos paisajes a una mera cifra, o un récord, porque cualquiera de las rutas que pueden emprenderse por estas geografías merecen paladearse con emoción y respeto. Cada uno, además, habrá de elegirse en función de la forma física de cada cual y de sus prioridades viajeras, porque dentro de este territorio de superlativos hay espacio e infraestructura de sobra para emprender una ruta de gran dificultad y altitud de hasta más de un mes de duración, pero también con acercamientos menos ambiciosos a las montañas más poderosas de la Tierra, aptos para personas que no hayan hecho antes senderismo y que cuenten con una buena forma física razonable. Y, entre ambos extremos, se dan mil y una posibilidades de itinerarios y formas de abordar el recorrido de esta región.

Alcanzar el Anapurna
Llegar hasta la cima del Everest sí es una experiencia reservada para deportistas de altura, aunque arrimarse hasta su campamento base constituye uno de los senderismos más solicitados por estas latitudes. Desde la segunda ciudad del país, Pokhara, arrancan los itinerarios que le siguen en popularidad y que se fijan como objetivo el macizo del Anapurna, con caminatas de muy diversa duración para rodear algunas de sus montañas. En estas dos zonas principales abundan los lodges y casas de té en los que se puede hacer noche, que van siendo más escasos en zonas más remotas por las que emprender una ruta a pie, como Manaslu, Kanchenjunga, Humla, Dolpo o el reino de Mustang.

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Marplatenses escalarán una montaña en el corazón del Himalaya, en Nepal

Tuesday, December 23rd, 2008

Cinco escaladores de Mar del Plata realizarán una proeza en su especialidad en abril próximo. Por primera vez, escalarán uno de los picos más altos del Himalaya, en el territorio de Nepal, llegando a más de 8.000 metros de altura, donde colocarán un testimonio local.
Entre los osados deportistas, cuyas edades oscilan entre los 35 y 51 años de edad, se encuentra el ex titular del Ente Municipal de Deportes, José Luis Burla.
Al abogado y deportista Burla de 51 años, lo acompañan el comerciante José Luis Alonso (47); el profesor de Educación Física, Rolando Linzing (42), y los también comerciantes Fabián González (38) y Pablo Pilotta (35).
Justamente fue Pilotta quien brindó detalles sobre esta expedición.
Tras señalar que son “todos montañistas de Mar del Plata, que entrenamos aquí durante todo el año”, agregó que “en particular, yo soy guía de montaña, y por ello, trabajo en el Aconcagua, al igual que Linzing”.
“Así fue como nos juntamos -acotó- y decidimos llevar la bandera de Mar del Plata a tierras tan lejanas y por primera vez, a más de 8.000 metros de altura”.
Después, Pilotta, que es el que más veces escaló el Aconcagua, llegando a la cumbre -el 16 de este mes llegó de su última expedición- confirmó que “el viaje está proyectado para abril de 2009″.

Aspectos de la expedición

Otras precisiones, sobre el viaje y sus aspectos colaterales, son las siguientes:
* “La expedición demandará unos 40 días. El menor tiempo empleado con respecto a otras del mismo tipo, se debe a que lo haremos en estilo alpino, que es más rápido que los demás”.
* “El costo por persona será de aproximadamente 8.000 dólares”.
* “El ascenso hasta los 5.000 metros, donde se encuentra el campamento base, será con el servicio de asistencia, el que también fue contratado especialmente. El traslado hasta esa altura será por medio de yaks -animales de carga- y un oficial de enlace (por el idioma) para todas las tratativas”.
* “Los 3.000 metros restantes, los realizaremos los cinco solos. No son zonas escarpadas, aunque hay una parte en la que hay que colocar cuerdas fijas por una cuestión de velocidad. Además, es todo glaciar y nieve hasta la cumbre”.
* “Elegimos abril, porque allá es verano, y así evitamos los efectos de los monzones. Igualmente, puede haber tormentas de nieve”.
* “Hasta el campamento, cada uno de los montañistas lleva elementos que suman entre 20 y 30 kilos. Pero en el último tramo: los 3.000 metros restantes, se trata de ir con una mochila liviana, entre 10 y 12 kilos por persona. Lo que se porta es alimento, más abrigo y mucho líquido, que es indispensable”.
* “En cuanto a si se trata de una expedición riesgosa, diríamos que no se puede saber hasta qué punto. Pero algo podemos decir al respecto. Corremos más riesgo transitando por una ruta de automotores que subiendo la montaña. Uno estudió las montañas, y aprende a respetarlas al punto de saber cuál es el límite”.

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En el rescate estábamos los mejores

Tuesday, December 23rd, 2008
«En el rescate estábamos los mejores»

fue uno de los fieles compañeros de ascensiones de Ochoa de Olza.

Denis Urubko, 35 años, Almaty (Kazajistán), disfruta de un ‘permiso’ antes de volver a Nepal. Allí, dentro de una semana, le espera el italiano Simone Moro para intentar la primera ascensión invernal por la ‘ruta kazaja’ al Makalu. Un reto doblemente complicado, porque atacarán la montaña bajo la estricta la ética de este militar kazajo (teniente recalca), en estilo alpino «sin sherpas de apoyo» y sin oxígeno artificial «falsea la capacidad humana y por tanto los resultados. Rechazable». Urubko, alpinista forjado en la exigente escuela de alta montaña de la antigua Unión Soviética, atesora trece ‘ochomiles’. Le queda uno para cerrar la cuenta, «el Cho Oyu, dicen que el más fácil», y se ríe.

Urubko, considerado como uno de los ‘grandes’ del alpinismo mundial, fue uno de los compañeros de cordada de Ochoa. El navarro formó, con Moro, su pareja de ‘hermanos occidentales’. Lo conoció en 1999 y sus pasos se han cruzado hasta el final. «Ascendimos juntos al Everest (2000), Lohtse, Nanga Parbat, Broad Peak, Manaslu y Dhaulagiri. Era un hombre fuerte, alegre y seguro, que no dejaba nada al azar. Era un líder».
En el Annapurna, por amistad se olvidó de su seguridad y de la promesa de no volver a esta cima, que considera la más peligrosa de la tierra, tras coronarla en 2004.
-¿Tan fuerte fue la llamada?
-Ante una petición así, ¿quién se iba a negar? El resto ya es historia. Lo he contado y escrito varias veces. Me sacaron de la cama en Katmandú, recién llegado del Makalu. Me explicaron que Iñaki estaba en peligro de muerte en el Annapurna y que me sumara al intento de rescate. No lo dudé ni un instante. Cogí la mochila y me reuní con Don Bowie y el ruso Sergei Bogomolov en Pokhara para montar en un helicóptero e intentar llegar al campo base».
-A partir de ese punto todo fueron penalidades. Incluso el desenlace.
-Nos costó aterrizar en el glaciar. Estaba nublado y el helicóptero no podía posarnos en tierra. Es un valle muy estrecho y el piloto no se atrevía a maniobrar. Al final nos dejó sobre la nieve, profunda y blanda, que nos dificultó llegar hasta el campo base. Fue agotador.
-¿Cómo fue el intento de rescate?
-Coordinado. Fue un rescate de categoría. Coincidimos alpinistas experimentados, de talla reconocida. Iñaki reunió a los mejores. Allí estábamos Steck, Anthamatten, Bowie, Bogomolov, Bolotov, etc. Ueli llegó hasta los 7.400 metros. Yo, tras una subida relámpagao en la que quemé dos campamentos, remonté de los 4.000 metros hasta los 7.200 con el oxígeno a cuestas. Estaba a cuatro horas de la tienda de Iñaki cuando Steck nos informó de su fallecimiento. Fue cuando me di la vuelta».
-¿Qué pensó en ese momento?
-Sin ninguna duda ha sido la peor noticia de mi vida. Sólo comparable al falso fallecimiento de Egocheaga (himalayista asturiano) en el Manaslu. Terrible.
-¿Pasó peligro en la subida?
-He cruzado la línea entre la vida y la muerte una vez. En 2004, en el Annapurna. Es la montaña más peligrosa del mundo. Esta vez no fue así. Conozco el límite que no hay que sobrepasar».
-¿Cómo se aprende a reconocer ese límite?
-Paso a paso. Soy de los que creen que hay que aprender a desenvolverse en la montaña. Soy partidario de la vieja escuela rusa. Hay unas reglas a seguir. Se comienza con salidas al monte de niño. En mi caso comencé con mi padre que era ingeniero de recursos naturales. Sigues con la escalada, pasas al hielo, luego a los picos de más de 6.000 metros y así sucesivamente. Es la única manera de enfrentarte a las amenazas, por ejemplo, del Himalaya.
-¿Qué parte deja a la experiencia?
-También hay que aprender sobre el terreno. En este aspecto Ochoa tuvo un papel destacado. De él aprendí que lo más importante es la seguridad, la propia vida. Él nunca se ponía en riesgo. Era un poco, cómo decir, astuto, como un lobo. ‘Olfateaba el peligro’.
-¿Es partidario de limitar el acceso a la montaña, en este caso al Himalaya?
-Eso nunca. Todo montañero debe tener la libertad de ir a donde le venga en gana. Pero de esto a hacerlo con seguridad media un gran trecho.
-¿Qué le reserva el futuro?
-Me quedan cinco años. Mi intención es la de trazar una ‘ruta kazaja’, innovadora en los ochomiles. No podré completar este objetivo, que espero que finalicen mis alumnos de la Escuela del Ejército de Kazajistán.

«La montaña te enseña que los retos de la vida a veces no son complicados»

Monday, November 10th, 2008

«Mi siguiente ‘ochomil’ será en primavera, me iré a Nepal y ahí decidiré. En verano tengo pensado ir a Pakistán»

«La montaña te enseña que los retos de la vida a veces no son complicados»

Carlos Pauner, en una de sus escaladas. / E. C.
Carlos Pauner nació junto a las montañas aragonesas. Poco se imaginaban sus padres que su imagen daría la vuelta al mundo cuando se adentrara en un proyecto que le haría pasar a la historia por coronar las 14 montañas más altas del mundo. Y en ello está. Ahora llega a Piloña, en el marco de las XXIX Jornadas Culturales de Montaña y Alpinismo. Tiene mucho que contar y será un buen profesor del que aprender.
-¿En qué momento se planteó el proyecto de escalar las 14 montañas más altas?
-Bueno, primero tenía un proyecto personal. Era escalar las cinco más altas, las que, en principio más me atraían. Por circunstancias, a cambio de ampliar el proyecto veía la forma de profesionalizarme en esto aunque sabía que era la manera de cambiar mi forma de vida. Era el año 2002 y para entonces había escalado el k2 y el Makaku, fue cuando el gobierno de Aragón se planteó la idea de tener representación en las montañas más grandes. En aquel momento era yo quien estaba haciendo ‘ochomiles’ y llegamos a un acuerdo para comenzar el proyecto de forma profesional y comenzaron a patrocinarme.
-¿Se puso algún límite?
-No, un poco el límite normal, no me quería eternizar con esto, quería seguir el ritmo bueno y lo fijé en dos expediciones al año. Desde entonces la rutina es hacer eso.
-Seguramente conocería los riesgos de su reto y más tarde los vivió e incluso se planteó dejar el proyecto. ¿Qué le empujó a seguir?
-En 2003 estuve tres días perdido y me dieron por muerto en España pero las ganas me empujaron a seguir. La verdad es que fue para pensarlo mucho, me paré a pensarlo y me pregunté ¿me quedan ganas? La respuesta fue sí, con lo que no había que dar muchas vueltas más al asunto. Es mi forma de vida y las lesiones no fueron demasiado graves. En 2004 lo retomé porque comprendí que ya estaba recuperado.
-Su momento más difícil dio la vuelta al mundo cuando sufrió un edema cerebral que usted mismo grabó. ¿Qué recuerda de aquellos momentos?
-Fue uno de los momentos difíciles de verdad, sobrevivir tres días por encima de ocho mil metros. Fue una prueba dura pero ha habido más.
-¿Cuáles?
-Por ejemplo, la bajada este año de Lotse fue difígil. Fue también una actividad muy dura.
-¿Y compensa?
-Da muchas grandes cosas y muchos sufrimientos. Sí, sí me compensa, si no, no iría. Me considero una persona espabilada, sé que a veces es difícil entender por qué me dedico a esto, pero supongo que cuando eres lo suficientemente duro para aguantar situaciones difíciles y además vas descubriendo las alegrías que te da este mundo, el balance es positivo.
-¿Qué se aprende de todo esto?
-Aprendes a conocerte a ti mismo, a valorarte en el mundo cotidiano que realmente no lo es, a conocer tus límites, a conocer otro mundo donde es todo más sencillo que aquí, pero más difícil de realizar. El Himalaya, por ejemplo, es una escuela de vida, te enseña que muchos de los retos de la vida normal no son en realidad tan complicados de llevar a cabo.
-¿Hay alguna lección que transmitir a los escaladores que se inician en este deporte?
-Les diría simplemente que no tengan prisa, que vayan siguiendo los pasos. Hay que saber disfrutar en cada momento de lo que se hace e ir cumpliendo etapas. Llega un momento en el que el propio cuerpo pide lo que hay que hacer, la montaña tiene tantas vertientes que te da la posibilidad de hacer mil cosas, es un logro inmenso en donde hay que saber escucharte.
-¿Cuál será y cuándo su siguiente ‘ochomil’?
-No lo tengo decidido, pero casi seguro que en primavera me vaya a Nepal. Ahí decidiré cuál. Luego, en verano, me iré a Pakistán y ahí todavía sí que no tengo nada concretado. Ahora estoy comenzando a entrenar, el descanso lo tuve en verano y otoño y me quedan cuatro o cinco meses de entrenamiento.
-¿Cómo se entrena?
-Tengo la suerte de tener al lado los Pirineos y puedo entrenarme por mi entorno. En realidad lo que hago es correr por la montaña, escalo en paredes cerca de Zaragoza… Sin prisa pero sin pausa porque en marzo tengo que estar en buena forma.
-¿Cómo recuerda la sensación al coronar su primer ‘ochomil?
-La primera es como todo en la vida la primera vez, la mejor. Todo es nuevo, sorprendente. Tienes la duda de poder conseguirlo y lo consigues. Además la primera fue el K2, una montaña emblemática, difícil, enorme, hermosa… Y luego además físicamente estaba muy fuerte, llegué a la cima y no sentí cansancio. De no ser así podría haber tenido un descenso comprometido pero no. No bajaría sin peligro pero sí sin problemas físicos, en tres horas estaba en el campo base.
-Ahora llega a Infiesto a mostrar un pedazo de su vida.
-Sí, mostraré una película, un documental hecho en 2003 del Kangchenjunga. Es la tercera montaña más alta de la Tierra, allí abrimos una ruta nueva, llegamos a la cima y todo se complicó. Mostraremos cómo fue el descenso y cómo lo vivimos tanto mi familia como yo.
-¿Y cómo lo vive tu familia?
-Como pueden. Lo cierto es que todos estamos vinculados a la alta montaña así que lo tienen asumido.
-¿Cuándo prevé concluir su proyecto de los ‘ochomiles’?
-Me quedan seis en este momento pero no tengo prisa. Tal vez en cuatro años acabe.
-Y después, ¿qué planes tiene?
-No lo sé, la verdad es que tampoco me preocupa mucho, cuando acabe ya veré. Hay muchas montañas que visitar, este mundo de la montaña es inagotable. En cualquier caso seguiré escalando, al fin y al cabo la escalada ha llenado mi vida desde que tengo 15 años, con lo que es algo consustancial a mí.

Del Trevenque al Himalaya

Sunday, October 19th, 2008

Tres granadinas forman parte de la Expedición Mujer Andalucía que tratará de subir a un sietemil y un ochomil en Nepal El objetivo es coronar dos picos nunca alcanzados por ningún alpinista andaluz

Del Trevenque al Himalaya

PREPARADAS. Las tres escaladoras granadinas, durante una ascensión.
AL Trevenque, pico emblemático de la baja montaña de Sierra Nevada con 2.079 metros de altitud, sube casi cualquiera. Al Manaslu, la octava cumbre más alta del mundo con sus 8.163 metros, suben muy pocos. Pero por algo se empieza, por ejemplo, por el Trevenque.

En ese pico simbólico y en otros senderos clásicos de la sierra granadina como la Vereda de la Estrella dieron sus primeros pasos como montañeras tres granadinas que en los próximos meses se disponen a escribir una página histórica del alpinismo andaluz. Ana Morón, María José Cardell y Tamara Romero forman parte de la primera expedición integrada exclusivamente por mujeres que intentará coronar dos cumbres no alcanzadas nunca por andaluces, hombres o mujeres.

Baruntse (7.200 metros) y el citado Manaslu serán ‘atacados’ -en el buen sentido- a mediados de noviembre de este año y en abril de 2009 por un grupo de seis mujeres intrépidas, respaldadas por la Federación Andaluza de Montañismo (FAM). La idea no es otra que impulsar el montañismo femenino y demostrar que cuerdas, piolets y crampones no son sólo cosa de hombres. El primer desafío, el Baruntse, está a la vuelta de la esquina pues la expedición partirá hacia tierras nepalíes el próximo lunes 20 de octubre. Pero el proyecto de formar una expedición con mujeres alpinistas para coronar esos dos picos comenzó a gestarse mucho antes, hace casi un año. La FAM pesó que había llegado el momento de innovar y darle una oportunidad a las mujeres alpinistas y lanzó la convocatoria para seleccionar a seis montañeras y dos reservas.

En Sierra Nevada

Las candidatas fueron sometidas a distintas pruebas prácticas en Sierra Nevada, y también pasaron entrevistas con personal de la Federación. Ana, María José y Tamara superaron las pruebas y su sueño de coronar dos cumbres reservadas a la élite del alpinismo mundial comenzó a ver la luz. Desde entonces, no han parado. Al trabajo para llevar adelante el proyecto en todos sus detalles se ha sumado la preparación física específica de cada una y, lo más difícil, la búsqueda de patrocinadores.

El presupuesto de las dos expediciones ronda los 266.000 euros y la Junta de Andalucía ha comprometido una ayuda de 45.000 euros. De esa cantidad al total a buscarse la vida. Los patrocinios caen pero con cuenta gotas. La crisis tampoco ayuda. Las alpinistas saben que, al menos para la expedición al Baruntse, deberán poner de su bolsillo el dinero que falte. Deportes Sherpa, Infisport y Andaluza de Trabajos Verticales ya han arrimado el hombro pero toda ayuda es poca.

El primer reto

Ascender por encima de siete mil metros conlleva una fuerte logística, formación técnica y preparación física. El Baruntse se integra en la cadena montañosa que separa el macizo del Everest del Makalu, en pleno corazón del Nepal, rodeado de gigantes ochomiles. La mayoría del tiempo la escalada en esta montaña es relativamente accesible excepto en una parte de cresta, a los 6.800m aproximadamente, donde por un lado hay una cornisa y por el otro la ascensión es muy vertical.

Para ascender el Baruntse se necesitan instalar dos campos de altura, uno a 6.146 metros en el collado oeste y otro a 6.500 metros en la base de la arista sureste. Desde allí hasta cima, hay más de 700 metros de desnivel que se salvan en un solo día. El sistema de trabajo se plantea de forma ligera y flexible para adaptarse a las condiciones de nieve y metereológicas. Se distribuirán las tareas de equipamiento en función de las condiciones propias de estado físico y aclimatación a la altura de cada una. El campo base se instalará sobre una morrena glaciar a 5.250 metros.

«El ataque a cima sabemos que va a ser muy exigente y en condiciones de frío intenso, pero confiamos en la estabilidad meteorológica de la época post-monzón, que es cuando vamos, ya que tenemos el tiempo justo para atacar cumbre», comenta Ana. «En concreto, contamos con 15 días de escalada, en los cuales trabajaremos para establecer los dos campos de altura y consensuar quiénes subirán a cima», precisa María José.

El ‘trekking’ de aproximación partirá del Lukla el 23 de octubre y, atravesando el Campo Base de Mera La, les conducirá hasta el campo base del Baruntse en los siguientes 8 días. Servirá de aclimatación y de puesta a punto para la ascensión. La vuelta, se llevará a cabo por Namche Bazaar, el escarpado y a la vez impresionante paso de Amphu Lancha hasta llegar, nuevamente a Lukla, esta vez en tan sólo 6 días.

El regreso a España se ha previsto para el 24 de Noviembre. El reto es lograr una cumbre aún no alcanzada por ninguna persona andaluza, y además, llevarlo a cabo sin oxígeno. «Estamos preparadas, pero por si acaso hemos pasado un completísimo chequeo médico en el CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Sierra Nevada, para comprobarlo», revela Ana.

El ochomil

El Manaslu se encuentra al norte del Nepal casi tocando al Tíbet. Su aislamiento geográfico, sus laderas avalanchosas y los tramos de 80º de inclinación a 7.000 metros componen un cuadro sólo apto para cordadas aguerridas.

María José cree que se trata de una elección «a la altura de un gran proyecto como éste. El Baruntse es un 7.000 con una línea de ascensión limpia y elegante. El Manaslu, es de los pocos ochomiles que hoy en día no se ve asediado por expediciones comerciales, dado que se trata de una montaña remota y de un gran compromiso tanto físico como psíquico». Este pico ha sido recientemente coronado por Edurne Pasabán, una leyenda viva del alpinismo mundial. Ana, María José y Tamara salen el lunes tras sus pasos.